El oráculo de Delfos
[23-08-2010]
El oráculo de Delfos fue un gran recinto sagrado dedicado
principalmente al dios Apolo que tenía en el centro su
gran templo, al que acudían los griegos para preguntar a
los dioses sobre cuestiones inquietantes.
Situado en Grecia, en el emplazamiento de lo que fue la
antigua ciudad llamada Delfos (que hoy ya no existe), al
pie del monte Parnaso, en medio de las montañas de la
Fócida, a 700 m sobre el nivel del mar y a 9,5 km de
distancia del golfo de Corinto.
De las rocas de la montaña brotaban varios manantiales que
formaban distintas fuentes. Una de las fuentes más
conocidas desde muy antiguo era la fuente de Castalia,
rodeada de un bosquecillo de laureles consagrados a Apolo.
La leyenda y la mitología cuentan que en el monte Parnaso
y cerca de esta fuente se reunían algunas divinidades,
diosas menores del canto, la poesía, llamadas musas junto
con las ninfas de las fuentes, llamadas náyades. En estas
reuniones Apolo tocaba la lira y las divinidades cantaban.
El oráculo de Delfos influyó en gran manera en la
colonización de las costas del sur de Italia y de Sicilia.
Llegó a ser el centro religioso del mundo helénico.
La Fócida o Focia es una antigua región del centro de
Grecia atravesada por el gran macizo del monte Parnaso. En
época de la Grecia clásica una parte de esta región, la
que está situada al pie de dicho monte, tenía el topónimo
de Pyto (o Pito), en griego Πυθω. Este lugar es el
conocido como Delfos, es decir, Pyto y Delfos son sinónimos.
El puerto de Itea era la puerta al mar más cercana a Delfos.
El nombre de Pito fue tomado de la serpiente Pitón (Πυθων)
que vivía en una cueva de estos parajes y a la que el dios
Apolo dio muerte para apoderarse de su sabiduría y ser él
quien presidiera el oráculo. La mitología cuenta que
después de dar muerte a la serpiente, Apolo guardó sus
cenizas en un sarcófago y fundó en su honor unos juegos
fúnebres que se llamaron Juegos Píticos. Más tarde corrió
la leyenda de que ese sarcófago se hallaba enterrado
debajo del ónfalos, piedra cuyo nombre significa "ombligo
del mundo", en el templo de Apolo en Delfos. De este
nombre derivó el de Pitia o Pitonisa (Πυθια), nombre que
se le fue dando a las mujeres que interpretaban las
respuestas, es decir el oráculo. Al templo de Apolo se le
llamaba también Pition (Πυθιoν) y al mismo Apolo en Delfos
se le llamó Apolo Pitio.
El topónimo de Delfos viene de Delfine (Δελφινης), que era
el nombre del dragón mitológico que custodiaba el oráculo
antes de la llegada de Apolo. A partir del siglo IV a. C.,
se le empezó a llamar Pitón en lugar de Delfine, aunque en
esencia era el mismo personaje. Son dos fases sucesivas de
la leyenda. Siguiendo el topónimo de Delfine, al templo de
Apolo se le llamó igualmente Delfinion (Δελφίνιoν)..
Pitia o Pitonisa
Se sabe que la elección de este personaje se hacía sin
ninguna distinción de clases. A la candidata sólo se le
pedía que su vida y sus costumbres fueran irreprochables.
El nombramiento era vitalicio y se comprometía a vivir
para siempre en el santuario. Durante los siglos de apogeo
del oráculo fue necesario nombrar hasta tres pitonisas
para poder atender con holgura las innumerables consultas
que se hacían por entonces. Sin embargo en los tiempos de
decadencia sólo hubo una, suficiente para los pocos y
espaciados oráculos que se requerían.
Los consultantes tenían una entrevista con ella unos días
antes del oráculo. Este hecho está perfectamente
documentado en las noticias que dan los autores de la
Antigüedad. El oráculo se celebraba un día al mes, el día
7 que se consideraba como la fecha del nacimiento de
Apolo. Los consultantes eran de todo tipo, desde grandes
reyes hasta gente pobre. En primer lugar se ofrecía un
sacrificio en el altar que había delante del templo. A
continuación se pagaban las tasas correspondientes y por
último el consultante se presentaba ante la Pitia y hacia
sus consultas oralmente, según se cree.
Se conoce muy poco sobre el rito que se seguía en el
oráculo. Se sabe que la Pitia se sentaba en un trípode que
estaba en un espacio llamado aditon, al fondo del templo
de Apolo Pitio. Αδυτων significa "fondo del santuario" y
τo αδυτoν significa "lugar sagrado de acceso prohibido".
En el oráculo de Dódona se hacían las consultas grabadas
en laminillas de plomo de las que se han encontrado
bastantes ejemplares en las excavaciones. La Pitia daba
respuestas (el verdadero oráculo) que un sacerdote recogía
y escribía en forma de verso. Después se le entregaba al
consultante. En un primer momento, las sentencias de la
pitonisa se hacían en verso, pero a mucha gente le parecía
extraño que, siendo Apolo el dios de la música, tuvieran
las predicciones tan mala calidad rítmica y melódica. Así
que pronto la pitonisa comenzó a predecir en prosa.
Uno de los enigmas con el que se enfrentan los estudiosos
del tema es el gran número de aciertos que tuvo el oráculo
de Delfos. La fe en él era total, incluso si se equivocaba
porque en ese caso se decía que el fallo era la
interpretación de lo dicho y no el oráculo en sí.
Durante siglos ha corrido una leyenda en forma de verdad
histórica acerca del oráculo y el estado de la Pitonisa.
Dicha leyenda se difundió a partir de los autores
cristianos de los siglos III y IV, como Orígenes y San
Juan Crisóstomo. Eran tiempos en que la época de la Grecia
clásica se veía como un acérrimo paganismo al que había
que ridiculizar. De esta manera los escritores inventaron
algo que a través de los siglos tuvo siempre mucho éxito.
Lo describían así:
El trípode de la Pitonisa o Pitia se hallaba sobre una
grieta muy profunda de la roca. Por esa grieta emanaban
unos gases tóxicos que hacían que la mujer entrara
rápidamente en un estado de embriaguez y desesperación
con grandes tiritonas, es decir entraba en trance,
desgreñada, y arrojando espuma por la boca. Además
masticaba hojas de laurel, lo que ayudaba a alcanzar ese
estado psicosomático.
Lo cierto es que no se ha encontrado hasta el momento
ninguna descripción sobre el momento del oráculo en los
escritores griegos o latinos. Ningún autor pagano ha
descrito nunca una escena de consulta, ni siquiera
Plutarco en su obra Diálogos píticos. Por otra parte los
estudios recientes arqueológicos y geológicos hechos en la
zona del templo de Apolo aseguran que en la roca no existe
la fisura profunda de que se habla en la leyenda.
Oráculos de Creso
Tradicionalmente se conocen dos oráculos dados al rey Creso:
Creso (560-546 a. C.) fue el último rey de Lidia. Se
cuenta (en Heródoto: Historia I, 53 y en Cicerón: Sobre la
adivinación II, 115, 11) de él que en una ocasión envió
una consulta al oráculo pues se estaba preparando para
invadir el territorio persa y quería saber si el momento
era propicio. El oráculo fue así: ἤν στρατεύηται ἐπὶ
Πέρσας, μεγάλην ἀρχήν μιν καταλύσειν / Croesus Halyn
penetrans magnam pervertet opum vim "Creso, si cruzas el
río Halys (que hace frontera entre Lidia y Persia),
destruirás un gran imperio". La respuesta se interpretó
como favorable y dando por hecho que el gran imperio era
el de los persas. Pero el “gran imperio” que se destruyó
en aquel encuentro fue el suyo, y Lidia pasó a poder de
los persas. Esto es un ejemplo de la ambigüedad en las
respuestas. Muchas de ellas fueron recogidas por autores
clásicos. En realidad el oráculo no trataba de adivinar
los hechos sino de dar buenos consejos, cosa que no era
demasiado difícil pues en el santuario se disponía de la
última noticia y de los últimos acontecimientos del mundo
conocido.
También según Jenofonte y algunas colecciones griegas de
versos gnómicos, ante una consulta del mismo rey se le
respondió la famosa frase: εἰ θνητός εἶ, βέλτιστε, θνητὰ
καὶ φρόνει "Si eres humano, procura pensar en cosas
humanas". Esta máxima se basa en la idea que para
conseguir la felicidad y la autoestima hay que conocer los
propios límites y aceptarlos.
Sibila
Según algunas tradiciones, la primera pitia o pitonisa que
actuó en el oráculo de Delfos se llamaba Sibila, y su
nombre se generalizó y se siguió utilizando como
nominativo de esta profesión. Ni Homero (siglo IX al VIII
a. C.) ni Hesíodo (siglo VIII a. C.) hablan de las
sibilas; su nombre aparece por primera vez en el siglo VI
a. C. y es el filósofo Heráclito de Éfeso (544 – 484 a.
C.) el primer informador de estos personajes. Se pensaba
que las sibilas eran oriundas de Asia y que en cierto modo
sustituyeron a las antiguas pitias.
En la prehistoria
En la meseta del monte Parnaso, a 1.400 m sobre el nivel
del mar y a dos horas y media del lugar sagrado conocido
como Delfos se encuentra una gruta nombrada como la
"caverna corcirea". Este lugar fue muy frecuentado por el
hombre desde los tiempos remotos del Neolítico, dando
testimonio de ello las vasijas pintadas, ídolos de pie
con los brazos levantados, o bien sentados en trípodes y
figuras de terracota que han sacado a la luz las
excavaciones. Todas estas figuran vienen a demostrar que
por aquellos años remotos ya comenzaba a desarrollarse un
culto a las divinidades. En esta época el emplazamiento de
lo que sería Delfos estaba deshabitado.
El recinto del santuario o témenos
La descripción bastante exacta de cómo fue el recinto
sagrado se conoce gracias a las informaciones de Pausanias
en el siglo II a. C. y a la confirmación de esos escritos
hecha por las excavaciones arqueológicas.
Una cerca sagrada llamada períbola rodeaba todo el enclave
del santuario. En la esquina sur oriental del recinto
comenzaba la vía sacra que iba subiendo montaña arriba,
serpenteando y pasando por delante de las pequeñas
edificaciones llamadas tesoros, pasando también por
delante del estadio y de diversos monumentos, hasta llegar
al templo del oráculo, templo de Apolo. El peregrino
accedía por la puerta principal de esta vía sagrada.
Por detrás del santuario existe una gran cuesta que va
descendiendo hasta un barranco. En el valle pueden verse
los cientos de olivos plantados cuya extensión llega hasta
el golfo de Corinto. Se dice que es el mayor olivar del
mundo.
Los llamados tesoros (θεσαυρυς) eran pequeñas capillas
donde se guardaban los exvotos y las donaciones que
frecuentemente eran muy ricas y valiosas, verdaderas
joyas. Se sabe que existían todas estas capillas:
- Tesoro de Siracusa
- Tesoro de Cirenea
- Tesoro de Cnido
- Tesoro de Sifnos
- Tesoro de Sición (muy importante
- Tesoro de Tebas
- Tesoro de Corinto
- Tesoro de los etruscos
- Tesoro de los atenienses (que es el único restaurado)
En la terraza que se extendía delante del templo de Apolo
estaba situado el altar de lo sacrificios. Se construyó
además un teatro (en el siglo IV) y un estadio con
capacidad para 7.000 plazas, para los juegos píticos (este
último en el 582 a. C.). También había un hipódromo, que
aún está sin localizar.
Al aire libre y salpicadas por todo el recinto se
encontraban las estatuas de mármol o de bronce, regalos
de reyes o de ciudades, en agradecimiento a los servicios
prestados por el oráculo.
Las divinidades
Apolo Pitio era el dios principal del santuario. Pero en
los meses de invierno tomaba protagonismo el dios Dioniso
porque Apolo se marchaba al paraíso septentrional. Por
esta razón se hizo una ornamentación distinta en los
tímpanos del gran templo. En el tímpano del este se
esculpió la tríada apolínea (Apolo, Artemisa, y Leto) y
en el del oeste el tiaso, que era la reunión de fieles
que celebraban el culto a Dioniso.
El santuario de Atenea Pronaia se encontraba en la terraza
de Marmaria, hacia la parte de abajo. Pronaia significa
"la que está antes del templo". En esta terraza había dos
templos dóricos, uno en honor a Atenea y otro para
Artemisa (Diana); estaba también el tesoro eólico (llamado
tesoro de Massalia, actual Marsella) y el tesoro dórico.
Allí se encontraba junto con estos edificios el tholos o
rotonda de columnas del siglo IV a. C., cuyas ruinas
quedan aún en pie.
Durante el siglo V d.C. se estableció el culto a Asclepio.
El ónfalos
El ónfalos es el ombligo del mundo. La leyenda cuenta que
el dios Zeus mandó volar a dos águilas desde dos puntos
opuestos del Universo. Las águilas llegaron a encontrarse
aquí, en Delfos, donde una piedra cónica llamada ónfalos
señala el lugar. La piedra, en forma de medio huevo, fue
encontrada durante las excavaciones cerca del templo de
Apolo. Estas piedras representando el ombligo del mundo
eran un símbolo del centro, del lugar donde empezaría la
creación del mundo. Al colocarlas en un determinado
espacio, lo sacralizaba y lo convertía en el centro
religioso. En el caso del ónfalos de Delfos, así fue y
este santuario se convirtió en el ombligo o centro
religioso de toda Grecia.
En algunas monedas encontradas en el recinto se puede ver
la imagen del ónfalos, esquematizada y representada por un
punto en el centro de un círculo.
La piedra encontrada se halla expuesta en el museo de Delfos.
Historia del santuario
Por la arqueología y los escritos antiguos se sabe que en
el siglo VIII a. C. hubo en este lugar de Delfos edificios
sagrados. Pausanias, el historiador griego del siglo II a.
C., recoge la tradición y entre otras cosas cuenta que los
tres primeros templos fueron construidos, uno con laurel,
otro con cera de abeja mezclada con plumas y el tercero
con bronce.
La arqueología demuestra que en esta época ya era famoso
el nombre de Apolo no sólo en el lugar sino en tierras
lejanas. Los exvotos sacados a la luz en las excavaciones
son muy significativos: Renombre de Apolo Pitio que era
famoso en lugares remotos, caballos de Tesalia, trípodes
del Peloponeso, soportes de recipientes de Creta, etc.
Pasado el tiempo fueron aumentando las ofrendas, sobre
todo los exvotos de bronce. Se han encontrado escudos
cretenses, cascos corintios, calderos con cabezas de
grifos llegadas desde Samos y el Peloponeso y estatuillas
diversas.
Apogeo
A finales del siglo VII a. C. ya se construyen templos
especiales para Apolo y Atenea; son de piedra, con
columnas dóricas. Sus restos, pasado el tiempo, fueron
utilizados para la construcción de nuevos templos.
A comienzos del siglo VI a. C. tuvieron lugar dos
acontecimientos que influyeron bastante en la evolución
del santuario de Delfos. Uno fue la instalación en Delfos
de la anfictionía y el otro, la reorganización de los
Juegos Píticos.
La anfictionía se trataba de una liga religiosa que
agrupaba 12 pueblos (no ciudades), casi todos de la
Grecia central. Tenía sus reuniones en el santuario de
Deméter en Antela, cerca de las Termópilas. Como el
oráculo de Delfos tenía ya un renombre mayor que el de
Deméter, trasladaron allí la sede de esta confederación,
sin por ello abandonar el otro santuario. Esta decisión
dio lugar a las llamadas guerras sagradas que fueron tres.
Los Juegos Píticos tenían lugar al principio cada 8 años.
Después lo acortaron a 4 y se alternaban con los Juegos
Olímpicos. Consistía en pruebas atléticas, hípicas y
concursos líricos. En Delfos se construyó en esta época
un teatro y un hipódromo para la celebración de estos
juegos que se consideraban muy importantes.
Hubo un gran enriquecimiento tras la primera guerra
sagrada en la que algunas ciudades griegas compitieron
por obtener el control y la autoridad del santuario, con
lo cual conseguían un reconocimiento de supremacía y
prestigio sobre las otras ciudades y sobre algunos reinos
extranjeros. Las aportaciones fueron tanto por parte de
los griegos como por parte de los pueblos bárbaros. Hay
que destacar el regalo que hizo Creso (560-546 a. C.)
último rey de Lidia en esta ocasión: un león de oro sobre
una base de lingotes de oro más un cuenco de oro que
pesaba un cuarto de tonelada.
En la primera mitad del siglo VI a. C. se hicieron unas
12 fundaciones de tesoros en torno al templo de Apolo.
Este viejo templo ardió en el año 548 a. C. y tras el
incendio su reconstrucción fue lenta. Hasta el año 505 a.
C. no se terminó el nuevo templo, más grande que el
anterior y cuya construcción se llevó a cabo gracias a
una familia llamada Alcmeónidas, de Atenas. Según cuenta
Heródoto, esta familia gestionó la aportación de dinero
en todo el mundo griego.
Las aportaciones de exvotos y ofrendas, más las
construcciones de tesoros durante esta época fueron
cuantiosas:
-
Tesoro de Sifnos, en el 525 a. C., con cariátides tan
colosales como las de Gnido. Decoración y obras
maestras de la edad arcaica con relieves que
representan la Gigantomaquia. Sifnos es una de las
islas griegas que se encuentran alrededor de la isla
de Delos, que fue en la Antigüedad una isla sagrada.
Se dice que esta isla tenía minas de oro y que
quedaron bajo el mar después de un cataclismo.
-
Tesoro de Atenas o de los atenienses, ofrecido a raíz
de la batalla de Maratón; llegó a ser el más
importante. Atenas ofreció después un pórtico para
conmemorar el triunfo sobre los persas en el cabo de
Micala y en el año 468 a. C. ofreció una palmera con
dátiles de oro tras la victoria que obtuvo el jefe
militar Cimón, hijo de Milcíades contra los persas en
la desembocadura del río Eurimedonte. En este tesoro
puede verse la epigrafía sobre el texto que se refiere
a la Pitaida, que era una procesión que los atenienses
enviaban a Delfos para conmemorar un hecho ocurrido en
un lugar del monte Parnaso. Cuentan que en dicho lugar
cayó un rayo como señal divina. Toda la historia está
escrita en la piedra como un himno a Apolo, con
anotaciones musicales entre las líneas.
-
En el 480, el tirano de Gela y Siracusa llamado Gelón
derrotó a los cartagineses en la ciudad de Himera en
Sicilia. En agradecimiento donó al oráculo un trípode
con una Niké (una victoria) de oro.
-
Polizalos (o Polyzelos) el príncipe siciliano venció
un año en los Juegos Píticos. Tras esta victoria
ofreció al santuario de Delfos una cuadriga que debió
ser imponente, de la cual se conserva el famoso auriga
que fue encontrado en 1896.
Catástrofes en el siglo IV a. C.
Durante este siglo ocurrieron una serie de catástrofes
que en nada beneficiaron al santuario de Delfos:
-
En el 373 a. C. hubo un terremoto que destruyó el
templo edificado por los Alcmeónidas.
-
Del 356 a. C. al 346 a. C. fue la tercera guerra
sagrada y la consecuencia fue destrucción y daños
irreparables. Los focios lucharon contra los tesalios,
beocios y Filipo II de Macedonia, con la intención de
obtener la supremacía sobre el oráculo de Delfos. La
guerra les costó tanto que se apoderaron de los
mejores tesoros del santuario. Fundieron el oro y la
plata y con ese resultado pudieron pagar a sus
soldados. Pero poco después Filipo se hizo con la
autoridad total del lugar sagrado y obligó a los
focios a ir restituyendo en donaciones todo lo robado.
-
En el 339 a. C. ocurrió la cuarta guerra sagrada,
cuando el pueblo de los locrios se enfrentó contra
Atenas y el político Esquines seguidor de Filipo se
enfrentó también contra la ciudad de Anfisa (o
Ámfissa). Estos hechos dieron lugar a la batalla de
Queronea, en el 338, en la que fueron derrotados
atenienses y tebanos. Los macedonios tuvieron desde
entonces la hegemonía de Grecia.
Siglo III y II a. C.
Durante la época del helenismo, difundida por los
sucesores de Alejandro Magno se construyó un teatro nuevo
y un estadio nuevo.
Los etolios (señores de Delfos) regalaron numerosas
ofrendas en forma de columnas y estatuas. Pero los
donantes más generosos de esta época fueron los reyes de
Pérgamo que en varias ocasiones ofrecieron dinero y mano
de obra para el mantenimiento del santuario. El rey de
Pérgamo Átalo I regaló un conjunto monumental para
celebrar su victoria sobre los gálatas. La donación fue
de tal calidad que los etolios de Delfos junto con los
componentes de la anfictionía mandaron erigir unas
estatuas de Átalo I y de Eumenes II sobre unos pilares y
las colocaron junto a la fachada del templo. También
Perseo de Macedonia regaló una estatua con su efigie,
pero más tarde su vencedor el general romano Pablo Emilio
la mandó quitar para sustituirla por una que le
representaba a él.
Son de esta época la epigrafía que cubría los muros de los
edificios y del muro poligonal. En ella puede leerse los
textos sobre los derechos honoríficos y sobre la
liberación de esclavos. Apolo era quien garantizaba dicha
liberación, después de habérsele pagado la suma
correspondiente. También es de esta época la epigrafía del
tesoro de los atenienses.
Decadencia
Comenzó el declive en el siglo I a. C. y continuó hasta
el siglo III durante este período el oráculo, respetado
aún, fue perdiendo prestigio y visitantes. En el siglo I
a. C. fue cuando se hizo la talla de una fuente rupestre
en la pared de la garganta Castalia, allá donde desde
antiguo se encontraba el manantial sagrado.
Los fondos para el mantenimiento del santuario, de sus
monumentos y de sus tesoros van menguando a grandes pasos;
la hierba crece entre los edificios, de manera salvaje,
la madera se pudre y la suciedad empieza a notarse. Hubo
además un incendio en el templo de Apolo que el emperador
Domiciano (51-96) hizo reparar. El escritor griego
Plutarco (c. 46-125), que además fue administrador de la
anfictionía en los últimos años de su vida, escribió por
entonces sus Diálogos píticos y en este libro comenta la
impresión de abandono que le daba el santuario de Delfos.
A pesar de todo, la anfictionía continúa reuniéndose,
organiza los Juegos Píticos, levanta algunas estatuas a
los cónsules y emperadores romanos y el oráculo sigue
siendo consultado. Pero las peticiones son ya de otro
estilo: ya no se le pide consejo sobre posibles
enfrentamientos, reinados, gobernantes, etc., las
consultas del momento son consejos sobre viajes,
matrimonios y otros asuntos domésticos. El oráculo ha
dejado de influir en la política y el devenir de los
pueblos. Su último momento de algo de esplendor se da
bajo el gobierno de los Antoninos, en el siglo II de
nuestra era. Los emperadores siguieron manteniendo una
regular correspondencia con el oráculo. Esta
correspondencia ha llegado hasta nuestros días grabada
sobre los contrafuertes del templo de Apolo.
El emperador romano Adriano (c. 46-125) también visitó
Delfos. Allí hizo levantar una estatua (que ha sido
hallada en las excavaciones) en homenaje a su favorito
Antínoo, que había muerto ahogado misteriosamente en el
río Nilo.
Herodes Ático (101-177), político y orador griego, sofista
y protector de las letras, además de poseer una gran
riqueza, donó parte de ésta a Delfos para reconstruir las
gradas del estadio. También mandó erigir estatuas de su
familia.
Pero ya por el siglo II, el santuario recibía visitantes
que eran más curiosos que fieles. Los viajeros llegaban
allí para curiosear y no para utilizar el recinto como
lugar sagrado. |Pausanias fue uno de estos visitantes que
llegó en calidad de hombre culto y amante de las
antigüedades y luego contó sus impresiones como
historiador. Para las gentes del siglo II el apogeo y
utilización del santuario como lugar sagrado estaba tan
lejano como puede estar para los habitantes del siglo XXI
los acontecimientos del Renacimiento. Ya en el año 87 a.
C., Sila se había apropiado de muchas riquezas sagradas y
de las ofrendas hechas en metales preciosos, lo mismo que
el emperador Nerón en el siglo I. En el siglo III el
emperador romano Constantino I el Grande se llevó a
Constantinopla (actual Estambul) una de las pocas piezas
que aun quedaban: la columna serpentina que se levantaba
exenta y que nadie consideraba de valor después de que
los focenses se llevaron 700 años antes su trípode de oro.
Todavía se conserva.
En el siglo III los hérulos, godos y bastarnos recorrieron
en intensas campañas toda la Grecia Central, Ática y el
Peloponeso, arrasando y saqueando. En Delfos destruyeron
algunas de las estatuas que pudieran quedar en pie y el
resto se vino abajo después del edicto de Teodosio el
Grande, emperador romano (c. 346-395), con el que se
pretendía acabar con todos los "ídolos del paganismo",
clausurando así el oráculo de Delfos, que cesó su
actividad el año 390. La desolación fue total al cabo de
los años y de los centenares de estatuas que antaño
poblaron el recinto, no quedó ni una en pie.
Fin del culto
El recinto de Delfos nunca llegó a estar deshabitado.
Después de que se hubo olvidado por completo la razón de
su existencia, sus ruinas se fueron recubriendo y se fue
edificando toda una pequeña ciudad.
Durante el siglo V de nuestra era el lugar de Delfos fue
la sede de un arzobispado y para ello se construyeron
algunas iglesias utilizando como material el mármol de
los monumentos anteriores; se construyó una basílica,
importantes edificios de ladrillo y mampostería,
establecimientos de baños, etc. Todo eso se rodeó de un
muro que protegiera las invasiones eslavas. La ciudad fue
creciendo a lo largo de los siglos y hasta tal punto fue
olvidado y enterrado todo lo demás que en el siglo XVIII
los eruditos se plantearon la duda del lugar exacto en
que habría estado el célebre santuario de Apolo. Por los
textos antiguos se tenía una idea, pero era casi imposible
dar con ningún vestigio. Hasta que gracias a un hallazgo
fortuito empezaron los estudios sistemáticos y las
excavaciones.
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